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( This paper was never published. Some 12 years old, still worth reading and give consideration. It is reproduced here to anyone's curio...

Sunday, November 27, 2011

Delenda est monarchia

Los historiadores conservadores y, en general, la sociedad es muy aficionada a las efemérides. Una institución como la monarquía lo es especialmente y durante siglos hemos sido sometidos al estudio de la historia en función de la secuencia de los monarcas, como si no pasase nada más en el mundo. Las dinastías daban continuidad a la forma de poder y eso simplificaba enormemente la tarea de los historiadores indolentes, casi siempre al servicio del poder. Nadie se atreve a adentrase en el conocimiento del antiguo Egipto, ese mismo que ahora empieza a ganarse sus propias libertades a gritos en la plaza Tahrir de El Cairo, sin contabilizar secuencias dinásticas.
Más molesta, por inútil e incomprensible, resulta la lista de los Reyes Godos que nos vimos en su día obligados a memorizar los escolares. Treinta y siete personajes para 300 años de oscura historia de la que apenas destacan las muertes violentas de muchos de ellos, ya fuese en las garras de un oso o las de un pariente o competidor por un "quitameallá" Código euriciano o herejia arriana.
Para los españolitos más recientes la historia es también una secuencia de familias de monarcas de origen extranjero, austriacos o franceses, porque ni siquiera en lo de elegir un rey entre los de aquí hemos sido capaces de ponernos de acuerdo desde hace siglos.

Estos días se celebra el 36º aniversario de la re-instauración de la monarquía hereditaria en España, una vez más con un rey nacido en Italia, educado en Portugal e impuesto por un general dictador, que no otra legitimidad le ampara. Aceptado por un pueblo cansado de que la monarquía y su mantenimiento y vaivenes nos haya costado tanta sangre, parecemos resignados a que ahora sólo nos cueste dinero.
Parece mentira que a estas alturas de la historia sigamos soportando una forma de régimen politico tan cutre como la monarquía, que basa su legitimidad en la biogenética y sus avatares con el mismo entusiasmo que la cria del ganado. Los escritos monárquicos están plagados de consideraciones a la sangre, el pedigree, la fertilidad de las hembras, la capacidad generatriz de los varones y todo un juegueteo de coyundas y preñeces, búsquedas de jacas fértiles más allá de las fronteras y eternas discusiones sobre la prevalencia del cromosoma Y sobre los dos cromosomas X, o si vale más una picha que un coño para gobernar un país.
Para acabarlo de arreglar, como el mundo evoluciona, los descendientes, jóvenes ellos e imprudentes, deciden unir sus destinos a personas de, para ellos, dudosa alcurnia. Como si la dicha alcurnia fuese garantía de algo, ya sea honestidad o competencia. Eso, que se conoce como matrimonio morganático (horrible vocablo) siempre anuncia desastres en una institución tan clasista como la monarquía.

Recuerdo que entre mi familia del sur, una familia notablemente matriarcal, donde las mujeres del clan superaban en número e importancia generosamente a los hombres, se dio la circunstancia de que dos de los hijos varones de la familia dieron en casarse con unas mozas estupendas que, y lamentablemente, al poco de las nupcias abandonaron a sus maridos por otras opciones que entendieron más substanciosas. El comentario registrado de las matronas de la casa fué, con el acento sureño castizo, una lamentación: "Ave. Que ze le va a hacer, zi nos han zalio putas!!".
Algo así le ha debido pasar al actual monarca cuando sus dos hijas, casadas con hombres de otra condición, uno noble tronado y el otro deportista de élite--que viene siendo otra aristocracia--han tenido dificultades en sus matrimonios por resultar los maridos unos sinvergüenzas. "Que se le va a hacer, si nos han salido rana".
El heredero de la corona y su también morganática y televisiva esposa dan asimismo problemas a cuenta de su, hasta ahora, incapacidad de concebir varones entre los dos, con el lio que eso del cromosoma representa en la legislación hereditaria de las casas reales con la torticera interpretación que se da a las leyes de los Francos Salios. Estos eran una gente bastante más sensata para su época que los majaderos que desde Enrique IV de Francia andan manipulando derechos sucesorios para ruina de las naciones.

Como la cosa parece que va de treinta y seis en treinta y seis (1939 final de la Republica-1975 restauración de la monarquía-2011 final de zapaterismo?) igual aún quedan 36 años para la III República. Pues podría ser antes ¿no?


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