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NORTH-AFRICAN IMMIGRANTS IN RURAL CENTRAL SPAIN

( This paper was never published. Some 12 years old, still worth reading and give consideration. It is reproduced here to anyone's curio...

Sunday, August 01, 2010

Tres banderillas en la barriga




Pues no se cómo meterle el diente a esto de la prohibición de las corridas de toros en Catalunya a partir del año 2012. Me ayuda la primera plana del "Neue Zürcher Zeitung" de hoy domingo, que me trae mi yerno que acaba de llegar a pasar las vacaciones con nostros, que muestra una foto de un torero con el capote extendido delante de si, como en espera de una embestida.
Que un periódico tan serio como el NZZ, tan suizo él, le dedique la foto de portada a los toros sólo significa que hoy es fiesta nacional en Suiza, que ya han empezado las vacaciones y que no debe haber otras cosas que llevarse a la portada. Empieza la noticia con una falsedad: Catalunya no es la primera región que prohibe las corridas de toros. Canarias lo hizo en 1991 y nadie movió una pestaña. El resto será por el estilo. La revista The Economist también se columpia hablando de que Catalunya es el país de las prohibiciones: primero el burka y ahora los toros. Pues vaya!.
Lo que a mi me resulta obvio es que a los políticos y, especialmente a los miembros del parlamento catalán, les encanta el teje-maneje y perder el tiempo pues, aunque hubiese una iniciativa popular con miles de firmas, promovida por un argentino y jaleada desde algunas posturas próximas al independentismo, bien podía haberlo dejado para una ocasión más propicia.
Lo que no me sorprende es la facilidad con que, valga el símil taurino, la prensa de Madrid ha entrado al trapo y los peperos se han enfadado como si les hubiesn puesto banderillas negras...
Han sido los nacionalistas españoles los que han puesto un significado simbólico al toro que publicitaba una marca de coñac (notoriamente malo, por cierto y que no bebe casi nadie) y lo enjaretan en banderas y letreros.
Pero es que todo lo que envuelve el mundo del toreo está lleno de simbolismos que harían las delicias de Humberto Eco. Hasta la referencia al mapa de la península como una piel de toro cuando, en realidad de todas las realidades simbólicas, a lo que se asemeja como ya he escrito en otro sitio, es a una piel de cabra. De Capra hispánica, si queréis, pero cabra, respetabilísimo mamífero que ha ayudado a sobrevivir a los españoles durante siglos y mucho más apreciable que los toros de lidia.
A mi la fiesta de los toros me ha gustado siempre. Cuando tenía tiempo, poco dinero y más afición, me gustaba vivir la fiesta desde la mañana yendo a ver los toros a los toriles y luego irme a la plaza, a un tendido de sol, con un "canotier" para taparme del sol, camisa blanca y preferiblemente llevándome una sandía, una tortilla de patata y una bota de vino para acompañar el festejo. Alguna vez fui con novia a los toros y, francamente, me daba igual que llevase o no minifalda, tanto como si llevaba bragas. El Escobar siempre me pareció el arquetipo de la españolidad más cutre.
Recuerdo toros, toreros y lances y, en este blog le he dedicado una entrada a Manolete.
Donde yo vivo cerraron la plaza de toros por obras y al final la han convertido en un auditorio y el espacio esencial para los concursos de castells que se hacen cada dos años. Yo veo los toros desde la barrera de mi cuarto de estar por el Canal Plus.
Y me da una higa la prohibición de las corridas poco más que por el dinero de mis impuestos que se han gastado los parlamentarios en una sesión innecesaria.
Esta primavera pasado estuve en La Provence y el semanario que se publicó el domingo 23 de mayo llevaba en portada a Sebastien Castellà, el fenómeno que dicen que va a superar a José Tomás en los ruedos. En Nimes y en Arles, en la jacobina Francia, le adoran.
Si se acaban las corridas y con ellas la crianza del toro de lidia, cosa que se me antoja distante en el tiempo, lo que más echaría de menos es el estofado de rabo de toro, porque el de vaca es menos gustoso.
Lo que más me molesta es que Catalunya siga sirviendo de pretexto a la derecha españolista para justificar su carencia de proyectos serios y de un discurso más coherente con las ideas conservadoras europeas. Esta visto que la prohibición se ha interpretado como clavar las banderillas en la barriga de un toro: algo que no se hace.
Obviamente hay mucho que explicar porque en la mayor parte del mundo les cuesta enteder porqué las banderillas en el morrillo, con un volapié bien ejecutado estan bien, y tres banderillas en la barriga estan mal.
Mientras seguiremos invocando a Dios, ¡Olé! que es lo mismo que ¡Allah! cuando algo nos guste.