Wednesday, March 25, 2020

El "Equipo Médico Habitual"

Escribo esto en español (yo escribo en español, un idioma universal, porque he superado el castellano) en parte porque se refiere a una realidad española y en parte porque hace referencia a un período histórico español y, como dice Rajoy, muy español.
A cualquiera que tenga menos de 50-55 años el titular no le sonará a nada conocido. A los más mayores, quizá a algo que desearan olvidar. En el otoño de 1975 el viejo dictador decidió morirse. O al menos eso es lo que parecía porque el dictador hacía siempre lo que le venía en gana. Justo después de los últimos asesinatos, los fusilamientos del 27 de septiembre de cinco activistas, miembros de ETA y anarquistas que nos encogieron aún más nuestras almas, el dictador hizo su última aparición en público. Desde el balcón del Palacio Real quiso concitar adhesiones y confirmar su talante represor reciente. No es que hiciese fresco esa mañana del otoño madrileño, pero ya fuera por los que le aclamaban o por contagio de alguno de los miembros de su numeroso séquito, contrajo una afección respiratoria que, dada su salud, al parecer evolucionó hacia una neumonía. La postración y la senectud llevaron a una evolución desfavorable y una trombosis mesentérica condujo a ser intervenido quirúrgicamente en las caballerizas del Palacio del Pardo, por no haber sitio mejor y a donde llegó cargado en una alfombra por falta de angarillas u otro medio de transporte desde sus aposentos. La cutrez del escenario resulta el epítome de lo que fue la dictadura. A partir de ahí su estado se hizo irrecuperable.
La dirección, o mejor, la manipulación, porque de ejercicio profesional tuvo poco, de su asistencia estaba en manos de su yerno, un mediocre cirujano que tiempo atrás había intentado sin éxito realizar un transplante cardíaco. En algún momento de mediados de octubre se decidió el traslado del enfermo al Hospital "La Paz", orgullo de los centros hospitalarios del régimen, llamado eufemísticamente "Ciudad Sanitaria" porque al régimen lo de hospital sonaba a pobre o peregrinos.
Ingresado en la UCI, fue conectado a un respirador Siemens Servo-ventilator 900, el primero importado a España y por el que suspirábamos los que en aquella época nos dedicábamos a esos menesteres de la ventilación asistida.
El gobierno, el gobierno del estado o el estado o el núcleo duro que venía a ser la "Casa civil de su Excelencia" o lo que fuere, ofrecía periódicamente un informe del estado del dictador. Primero fue una breve nota distribuida a las agencias de noticias, generalmente la Agencia EFE, inicial "F" que es también la de "falsa". Casi inmediatamente se sucedieron apariciones en televisión de facultativos del hospital y los "partes", esos informes breves de la jerga militar que habían penetrado las estructuras médicas en cuarenta años de dictadura, venían firmados por un grupo de facultativos que fue haciéndose cada vez más numeroso.
Por aquel entonces, hacía poco que habían nombrado director del hospital donde trabajaba a un personaje peculiar. Los nombramientos de directivos se hacían desde los servicios centrales de Madrid y rara vez despertaban interés entre el personal del centro o la población en general. En esta ocasión, sin embargo, la noticia apareció en la prensa local. Se trataba de un doctor García-Valdecasas, joven sobrino de uno de los primeros falangistas, amigo personal del fundador de la Falange Española Jose Antonio Primo de Rivera, y también sobrino del catedrático de Farmacología y rector de la Universidad de Barcelona Francisco García-Valdecasas, famoso por sus acciones represivas el movimiento estudiantil en Barcelona a finales de los años 60. Que saliese la noticia en la prensa no parecía tener mucho sentido, aunque en el curriculum vitae publicado, notablemente escaso de méritos académicos o profesionales, aparecía el dato: "...se quedó huérfano a los treinta y dos años..." (sic!). Tan notable desgracia sirvió para darnos una idea del personaje y su talante, rápidamente calificado de "trepa" y con apoyos familiares.
Al poco tiempo, a la ya larga lista, de más de una docena de facultativos, que firmaban los partes diarios de la enfermedad del dictador, se vio incrementada por la presencia del ínclito Valdecasas, súbitamente nombrado director de "La Paz". Al parecer, el núcleo familiar y político el dictador venía detectando filtraciones de información desde el hospital y decidieron colocar por encima una persona de lealtad y confianza del régimen para controlar la situación.
La repetición de informes diarios sin apenas contenido y el tedioso recitado de los nombres de todos los facultativos supuestamente implicados en la atención al paciente, a alguna mente brillante de los servicios informativos se le ocurrió substituirla por la fórmula. "Firmado: el equipo médico habitual". Nunca se supo de quien partió la idea: si de un comunicador, un político o de los propios médicos, cada vez menos interesados en ver sus nombres ligados al previsible final de la dictadura. Del Valdecasas nunca más se supo, perdido su protagonismo en el "equipo médico habitual"

Ahora, en medio de la epidemia de CoVid-19, contemplamos la no menos tediosa aparición en la televisión del portavoz del gobierno para el tema, el Dr. Fernando Simón, curiosamente flanqueado por tres sujetos uniformados en traje de paseo. La presencia de miembros de las fuerzas armadas en una rueda de prensa no se ve en ningún otro sitio. El despliegue de condecoraciones en su vestimenta llama la atención como algo de otro mundo, de otro país. De lo que recuerdo de mi etapa de servicio militar obligatorio, el atuendo reglamentario incluía un uniforme "de faena" o de maniobras, un uniforme de paseo, para eso, para pasearse; y un uniforme de gala que para los oficiales generales incluía el fajín, la faja de colores brillantes. Por lo menos podían ponerse el traje de faena; parecería que están trabajando en algo. Los tres personajes, el jefe del Estado Mayor de la Defensa, el General Jefe de la Guardia Civil y el de la Policía configuran una escena alejadísima de la realidad de una situación de alarma sanitaria. Y con el paso de los días, cada vez es más evidente que no tienen nada que aportar, aparte de pequeños datos anecdóticos ante la magnitud de la situación que poco pueden hacer para cambiarla. Mayormente parecen justificar su presencia. Los manierismos milicianos como "dar la novedad" suenan ridículos. "Sin novedad en el frente" cuando la cifra de muertos por la epidemia es de varios millares y crece cada día que pasa, añade un tinte de perversidad macabra. O quizá refleja que, por lo que respecta a su actuación, no han nada nuevo que contar. A ello se añade la referencia a que las fuerzas armadas continúan realizando sus tareas habituales de la defensa "...incluyendo la de los islotes de soberanía..." y "...la participación en las fuerzas desplazadas a escenarios bélicos por los compromisos internacionales contraídos...". O sea Perejil, el Peñón de Alhucemas, Alborán, etc... También indica que como las fuerzas desplazadas a Oriente Medio, como no tienen el relevo hasta mediados de mayo, ya están bien donde están.
En el postureo se incluye la ocasional (una vez) desinfección del aeropuerto del Prat, mientras que el equipo de limpieza del aeropuerto la realiza de forma continuada día y noche, y la detección por los militares de cadáveres abandonados en una residencia de ancianos de Madrid de la que habían huido despavoridas las monjas responsables.
El ejército de Tierra solamente dispone de un regimiento supuestamente experto en la defensa frente ataques de tipo biológico. Lo que se conoce como Defensa NBQ: Nuclear, Bacteriologica (o Biológica) y Química. Se trata del Regimiento "Valencia 1" con sede en Paterna, creo, y compuesto de 350 soldados y oficiales. No es mucho, ni hemos oído hablar de ellos en ningún momento.
El general Villaroya me despertaba un cierto interés. Nacido en La Galera, un pueblo de la comarca del Montsiá, al sur de la provincia de Tarragona, añade a su apellido de origen aragonés (Villaroya és "villa roja", un toponímico) el de Vilalta, apellido catalán común. Mi familia tiene raíces en el pueblo de al lado, Santa Bárbara. El mejor amigo de mi suegro era el "Pep de la Galera", Josep Arasa. Que el general fuese aviador podía anunciar una cierta calidad, como la que hace a los miembros del ejército del Aire algo más, no se como decirlo, moderno o actual que los de Tierra o los marinos, tradicionalmente muy conservadores. No es que, por ello, me haya decepcionado. La Fuerzas Armadas españolas continúan siendo un baluarte del conservadurismo más rancio. La imagen del "equipo médico-militar habitual" que a la hora del Ángelus nos ilustra cada día sobre la tremenda situación a la que nos ha conducido, es cierto que un virus maligno, pero también la obtusa obstinación en negar la evidencia en aras de una política centralizadora, es muy de lamentar.
Todo ello parece confirmar la idea de que el estado, porque ya no se si es el gobierno, sigue más interesado en defender a su idea de España que a los españoles. Tampoco se me escapa que detrás de la presencia d militares en las sesiones de información esté la figura del Jefe de las Fuerzas Armadas, el actual titular de la jefatura del estado, cuyo inane discurso de hace unos días, lleno de palabras huecas y modismos trasnochados, ha provocado repulsa y caceroladas por todo el país. Parecen más dispuestos a sacrificar vidas que a darle la razón el president de la Generalitat y arbitrar medidas que ya han sido desarrolladas en otros países.
Ya pasaremos cuentas.

25 de marzo de 2020














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